En La nueva fórmula del trabajo, el libro de Laszlo Bock, el Vicepresidente de Gestión de Personas de Google toca todos los palos de la política que una empresa ha de considerar respecto a sus trabajadores. Bock pone a Google de ejemplo, pero argumenta que toda compañía puede poner en práctica los mismos principios. Y sin renunciar a los grandes objetivos, antes al contrario. Como se puede leer en una de sus páginas: “Cuando los empleados confían en los líderes se convierten en embajadores de la marca y, a su vez, fomentan un cambio progresivo en sus familias, la sociedad y el entorno”.
¿Y cuáles son esos mecanismos que le funcionan tan bien a Google, ya sea en Suiza o en Australia, y que también pueden aplicar las demás empresas? Citemos unos pocos. A nadie le extrañará que una de las bazas para lograr el éxito sea contratar a los mejores. No obstante, tal vez sorprenda el esfuerzo que la empresa pone en conocer y escoger al talento. Para acabar fichando solo a un 0,25% de los entrevistados, no se puede dejar la contratación en manos del instinto.
En La nueva fórmula del trabajo también se defiende que, una vez contratados, los empleados, aunque trabajen en el mismo puesto, no tienen por qué cobrar lo mismo. Google tiene un sistema de retribución en que intenta primar a los mejores, con recompensas, incluso, para los fracasos que partían de ideas que la empresa valora positivamente. Y no son los jefes quienes deciden los ascensos o aumentos de sueldo de los googlers, sino que hay departamentos encargados de que el movimiento laboral sea en beneficio global de la empresa y no según los naturales intereses de una de sus secciones.











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